Mis alas se mueven cada vez con más fuerza, mis ojos dejan de ver la oscuridad, un verde suave está a mi alrededor, casi queriendo calmar mis ganas de volar.
Frente a mi un hermano gris, arriba aletea uno café. Siento sangre correr a través de las venas de mis alas, mis ojos no dejan de parpadear.
Una hermosa criatura me ve con dedicación, se llama Lechuza, sólo lo se. Su cuello despide un sonido encantador, mi hermano trina “Musica”.
Hay sonidos extraños tras de mi, todo es extraño, todo es nuevo, todo al mismo tiempo reconocible de inmediato.
La luz me baña con calor, la luz me da vida, la luz me ilumina el pensamiento, palabras se forman en mi ser.
Mis hermanos vuelan libres, el líquido es magia pura “Pintura” trina el pequeño que come en algún lado de la habitación.
La lechuza termina, doy un paso incierto y emprendo el vuelo, el primero de mi existencia, seguro el más bello, mi garganta está fuerte, trino yo también “VIDA”!
A los 19 años todavía estaba convencida en la existencia de un amor eterno. Apenas empezaba a salir con un músico que nunca llegó a figurar en la famosa Avanzada Regia y mi sexualidad en ese entonces encubierta por una especie de dulce ternura, estaba aún muy inmadura.
Sin embargo nunca me voy a olvidar de la impresión que una noche Ana(para no usar su nombre verdadero) causó en mi y el efecto que ella tendría en definir el resto de mi vida sexual.
Después de una exposición fotográfica en un museo regio, el artista en cuestión nos invito a una cena de familiares y amigos. El centro de la noche y figura principal, no fue el fotógrafo o su mejor amigo escultor. No, esa noche fue toda de Ana.
Española, entrada en unos buenos cincuenta años, no destacaba por su belleza física, por sus femeninas facciones o por su tierno y delicado hablar. Ana era toda fuego y toda pasión, después de todo su trabajo así lo exigía: ella era una sexóloga famosa, publicada y conocida internacionalmente.
Aún recuerdo como su risa contagiosa hacia eco en el pequeño salón donde nos sirvieron una elegante cena. Sus ojos brillantes veían a los comensales como si de sus súbditos se tratara. Sus historias no fueron menos sexuales que su presencia.
Me sentía completamente fascinada por aquella mujer tan libre, tan segura y tan inteligente. Debo aceptar que me sentí aún más impresionada por su novio, un tímido joven mexicano, sumamente joven y sumamente guapo. No hablaba mucho y puedo decir que hasta se sonrojaba cuando las historias giraban sobre su propia vida sexual con Ana, nunca me hubiese imaginado a un hombre como él, completamente extasiado con una mujer como aquella.
Esta mujer que me recordaba a las divas de Almodovar, por su porte, su talante, su naturaleza, por aquella sexualidad deshinibida, por aquella hambre por la vida y por su belleza muy poco convencional.
Ana me fascinó, y al principio pensé desanimada, casi con tristeza “yo nunca podría ser como ella”.
En ese entonces yo creía en el amor eterno, mi culpa católica y mi condición de niña regia no me permitían pensar en otra opción que eso. Sin embargo no podía dejar de verla, a su novio y de nuevo a ella. ¿Que secretos tenía?, ¿cómo llegó a ser ella?. ¿Algún día querría compartirlos conmigo?.
No ahi, no entonces, sin embargo yo quería correr a su lado y pedirle me contara los secretos para ser tan fascinante, tan inteligente y tan buena… en la cama me refiero. Debía serlo, por sus historias, por su trabajo, y por aquel novio que me parecía soso, pero no podía negarlo, demasiado guapo y lleno de tantos silencios, pero poseedor de una sonrisa que ahora me explica aún más cosas que en ese momento pasé por alto.
Nunca podré olvidar la impresión que me causó por la libertad con la que hablaba de aquel tema, que en mi sociedad nadie se atrevía a murmurar siquiera. Aquella noche fue una llena de lecciones: aprendí que los hombres buscan más que la belleza en una compañera, aprendí el poder que las mujeres tenemos sobre el “sexo fuerte”, aquella noche decidí que un día yo quería ser como ella.
En ese entonces yo no me sentía particularmente bella, particularmente delgada o particularmente “regia”. Aquella noche las ideas del amor eterno me traicionaron por vez primera. Aquella noche decidí que tal vez mis fantasías sí se podían hacer verdaderas.
Esos secretos que me esforzaba por guardar en los recovecos más escondidos de mi mente y que no me atrevía a aceptar a la luz del día. ¡Ana vivía de ellos! Era española, tal vez debería viajar a la Madre Patria y poder vivir libre de la dulzura que me ataba. Era como si todos quisieran mantenerme casta.
Yo aquella noche no quería seguir creyendo en el amor eterno, pero tampoco iba a dejar ir mi carta más fuerte de una manera tan simple e inexperta. Esta misma carta hizo reina a Ana Bolena. No, yo como Ana iba a saber todo lo que había que saber y como Bolena iba a usarlo sólo cuando la jugada fuera verdadera, necesaria o verdadera.
Ana Bolena se fascino por Enrique y él igualmente de ella. Ana Bolena tuvo a Enrique como ninguna otra reina. Yo también iba a esperar a ese rey que valiera la pena, a pesar de que terminará por perder la cabeza al final de la partida, conocer la gloria perfecta lo haría valer la pena. Como Ana y como Bolena, completamente dominaría el tema, un tema que las mujeres a veces encuentran muy por debajo de sus principios. Pero ¿quién decide cuales son los principios correctos?.
Aquella noche también decidí que si Ana no era tan bella, pero era tan atractiva para los hombres que la perseguían por conocer los secretos que guardaba en sus sábanas de seda, tal vez mi hombre ideal sería una versión masculina de ella. Tenía que serlo, el novio de Ana era guapo, pero me aburría, no hablaba mucho y solo se reía.
Ana era tan llamativa, tan terrenal y al mismo tiempo tan etérea, que yo ya estaba convencida que quería ser como ella. Y como ella habría de haber también un hombre que fuera más pasión y más fuego que belleza. Aquella noche dejé de creer en el amor eterno. Aquella noche empezó mi búsqueda por un ser de arte y de fuego, aquella noche deje de ser regia, para convertirme en una exploradora de mi apasionada española esencia, componente vital de mi sangre mestiza.
Aquella noche me atreví, y finalmente saqué a la luz aquella fantasía que por meses me había seguido noches enteras. Vi sus ojos a lo lejos, estaba decidida a pedírselo, pero debía estudiar primero, cultivar mi intelecto, aprender además los secretos de Ana y presentarme como mujer ante su puerta. Le pediría fuera mi mentor, no era bello, sin embargo sus manos creaban las mas hermosas figuras eternas. Yo quería sentirme entre aquellas manos secretamente.
Tal vez podría ser su asistente, su ayudante en el taller y después su amante y musa, las posibilidades que Ana estaba abriendo ante mi mente de niña regia, me permitian vislumbrarlo como una realidad y no como una escena inspirada en aquel Nick Nolte que volvía artistas a las mujeres que pasaban por su taller en una película de Scorsese. No, esta posibilidad ahora era verdadera y yo tenía pruebas
.
Sus ojos me seguían, ya lo habían hecho en una anterior visita, sin embargo su mirada me evadió para siempre cuando en aquella cena se anunció su compromiso. Su segundo matrimonio y con una mujer tan bella, aburrida pero bella. Mi corazón se hizo pequeño, el sueño duró no mas que unos pocos momentos. Sin embargo no me desanimó del todo, aquella mirada era muy fuerte, aquella mirada me la toparía de nuevo en alguna otra cara, en algun otro cuerpo, pero con ese mismo deseo, con esa misma malicia, con esos mismos secretos.
Aquel músico con el que salía no me veía de aquella manera, él no sería el indicado, eso ya lo sabía. El no era un Enrique VIII, no era Nick Nolte y su alma no tenía el fuego o el arte que estaba deseando probaran mi vez primera.
Ya estaba completamente segura que no existia el amor eterno, yo ahora estaba enganchada por encontrar la pasión perfecta. Ana me dio las armas, aquellos ojos el incentivo, aquella noche mi alma de artista se dio un vuelco.
Pasarían años antes de que entendiera el porque de mi naturaleza, la naturaleza del artista que busca la belleza en aquello que màs lo apasiona. Y desde aquella noche lo que más me apasionó fue el poder y la belleza que habitan dentro de los secretos del erotismo y del arte que se puede hacer del sexo.
Ana se llevó la noche, y nunca volví a verla en persona luego, pero nunca me olvidé de su presencia. Una mañana me enteré de su partida. Lo sentí en serio, aún tenía la fantasía de encontrarla de nuevo y pedirle me contara sobre sus más grandes secretos, aquellos que no compartía ni en sus libros de más éxito. Esos secretos ya nadie los conocería de nuevo.
Ana cambió mi vida, no fue algo inmediato, fue algo que se fue gestando con el tiempo, algo que ya no quiero seguir ocultando en ambiguos recovecos, una pasión que siempre ha dominado mi vida, y pude vislumbrar de la manera, correcta gracias al encuentro que tuve aquella noche con una Española tan buena para el Sexo.


Las canciones de Lou Reed son como una carta de amor a Nueva York, cada estrofa es una postal escrita desde cada recoveco de la Ciudad, es como una mirada hacia lo más obscuro de una Manhattan que hace años dejó de estar.
Bowie hace música que suena como una tarde lluviosa londinense, es una mirada de súplica de un dandy de Carnaby Street, es un aullido británico de una sixties swinging girl.
Lou Reed canta poesías que narran la vida de una raza de hombres y mujeres que viven para ser arte o artistas, que son musas y creadores, que son víctimas y asesinos que consumen la esencia de sus objetos del deseo para poder sobrellevar el peso de la perfecta decadencia de la hermosa Ciudad, que con su movimiento eterno, sofoca la vida de sus habitantes, para convertirlos en creaciones y creadores de lo eterno.
Bowie se propulsa desde Londres y atraviesa el mundo, lo construye y lo hace pedazos, crea una realidad que nunca fue, una realidad llena de colores y de misterio, de suplicas y lamentos, de ansia y de deseo. Las palabras se hacen canciones que se retuercen hacia historias protagonizadas por personajes que solo pueden ser el alma misma de su creador, una manifestación consciente de la perversidad de sus sueños.
Reed se vuelca sobre la Nueva York que lleva en el alma, una Nueva York que está intrínsecamente unida a su propio ADN, mientras que Bowie nos deja una puerta abierta a esa perversidad que sólo en su mente pueda habitar, que sólo ahí puede encontrar sosiego.
Danae(madre de Perseo), yace en un lecho de pureza, cubierta por suntuosas mantas de seda, acurrucada recibe a Zeus y lo recibe como una lluvia dorada, como una energía divina, como una energía que nunca termina.
Su cuerpo es erotizado por el deseo de un dios eterno, dios del trueno, de la energía que se le aferra al cuerpo en forma de átomos pequeños, esencia de la vida, esencia del tiempo, esencia de los humanos y de los seres eternos.
Danae se hace círculo, se apretuja, quiere iniciar e iniciar de nuevo, círculo que nunca termina, círculo inmenso como ese dios eterno que ahora yace en su lecho.
La tela como un suspiro se mueve discreta, se mueve con esa misma cadencia que su dueña, su belleza translucida enmarca la imagen de Danae, los colores obscuros de la seda, contrastan con el blanco de las sábanas, el blanco de su cuerpo, lo blanco de su alma. Su cabello es casi como una madeja de estambre, son los cabellos largos de una muñeca, los cabellos suaves de una niña, los cabellos largos y rojos de una mujer fatal. Cabellos, ojos, boca y cuerpo que esta vez son prisioneros, víctimas de la esencia del dios trueno.
It’s all over now baby blue…
Esperanza… luz que hermosa brillas en medio de la Oscuridad.
Belleza… ser de luz que brillas por tí misma y le das vida a un espacio que parece estar tan vacío.
Soledad… enorme y bella luz que te sientes demasiado lejos de aquel destello verde que se aleja cada vez más, de ese destello de semejanza, de ese destello que puede ser uno contigo, pero que decide ser alguien más.
Amor Imposible… luz que te quieres devorar a esa mirada de ojos verdes que parpadea y que volando se va, negándose siquiera a verte como eres en realidad.